Confieso que me gusta la cosa esta de lo paranormal, desde un punto de vista totalmente lúdico y que soy de esos que ven Cuarto Milenio y a veces echa la meada de antes de dormir con cierta inquietud paranormal, como un majadero, a la manera de Haley Joel Osment, pero con más años y más pelos en las piernas.
Me pregunto que encuentros han tenido con el asunto, si les ha visitado un tio segundo de su linaje con armadura y la cabeza en el sobaco para revelarles dónde esta enterrado el tesoro de la familia, si les poseyó satán hace años pero han terminado asimilándolo o si hacen viajes astrales cuando no les apatece coger el metro o el autobús.
Imagino que Isabel tendrá bastante que decir al respecto, pero no sé el resto.
Por mi parte, lo único que me ha ocurrido y que puede tener mil explicaciones es que una noche, a eso de las tres de la madrugada, se encendió sola la radio de la cocina (por entonces yo aún vivía con mis padres) y me levanté, un poco sorprendido, para apagarla, ante la insistencia de mis padres. El caso es que, mientras avanzaba por el pasillo, yo hubiera jurado que alguien iba subiendo progresivamente el volumen (y no se trataba de que yo me estaba acercando a la fuente del sonido). Con el vello erizado de la nuca, apague la radio, la desconecté de la corriente y me volví a acostar.
Tambien, una vez, me propuse practicar el viaje astral. Me informé de las técnicas, la preparación y me dispuse a ello. Dicen que en ocasiones, antes de dar "el salto", se produce un fortísimo zumbido en los oidos, que luego cesa de pronto y es cuando mentalmente hay que hacer el gesto de saltar (entonces, se supone, el alma sale del cuerpo). El caso es que cuando no me lo esperaba, comenzé a experimentar ese zumbido intenso y me entró tal cague, que me incorporé rápidamente y decidí que era mejor usar los medios de transportes tradicionales.
