Uno de los problemas de ver poco la televisión o, como es mi caso, de no verla en absoluto, es que te hallas expuesto a que te pillen por sorpresa los más variados horrores. El otro día me disponía a disfrutar de la quinta temporada de Nip/Tuck cuando me asaltó una serie española que parecía ir de estocadas e intrigas palaciegas. Los decorados eran de cartón-piedra y el plantel de actores tampoco prometía nada bueno, pero mejor un remedo de Alatriste que otro patio de vecinos con risas enlatadas de fondo. La acción transcurría en el siglo XVI y contaba las aventuras de un maestro de escuela que iba desfaciendo entuertos disfrazado de ¡guerrero ninja! (con su katana y todo). Les juro a ustedes que me quedé con el DVD en la mano si dar crédito a lo que estaba viendo, mientras mi primo, ahí, en la tele, repartía patadas y espadazos entre un nutrido grupo de villanos. Me imagino a los capitostes de El Ente en una reunión al más alto nivel: A ver, ¿qué es lo que más le gusta al respetable? Las novelas esas que escribe Pérez-Reverte y los dibujos animados japoneses. Pues ¡ya está! lo metemos todo en el mismo saco y que no echen un galgo. Con un par.
Ahora díganme, por favor: ¿Alguno de ustedes sabe de lo que estoy hablando? ¿La han visto? ¿Lo he soñado?
P.s: Desde aquí propongo que, para la próxima vez, transformen a don Quijote y Sancho Panza en sendos psycho-killers realizando un viaje lisérgico por el desierto de Nevada. Que eso de ...hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor... no es postmoderno, ni sofisticado, ni nada...
