Gracias a usted, Aleix.
No obstante, me gustaría matizar algunas perspectivas.
Lleva usted razón es esto:
" La verdad es que la gente normal no damos para más de cuatro líneas de noticia, en cambio los skins de Barcelona reuniéndose el 20-N para armarla y los cuatro desharrapados defensores de la 'terra lliure' quemando fotos del rey sí."
Y quizá un exceso de centralismo derive en "un Madrid ministerial sitiado por funcionarios y cesantes donde para mear en Badajoz habría que pedir permiso por triplicado". Además de que, en el fondo, el excesivo centralismo también alimenta el caciquismo.
Sin embargo, la cuestión parece ser una muy distinta. Si nos desprendemos de los extremos, el hecho es que los partidos autodenomidados nacionalistas poseen cada vez más poder, y que lo emplean de un modo muy dudoso. Que el programa educacional (esto es: lo que se estudia y aprende) de un país muy poco tiene que ver con la balanza fiscal. Que la mayoría de las veces, el Gobierno cede en miles de pequeños asuntos para no tocar los grandes.
Oponerse a esto no es defender el centralismo, sino pedir una organización inteligente, no dirigida por favores y caprichos, o por motivos emocionales.
Porque así, fomentando la reivindicación social para ganar poder en una zona, se consigue malquistar cada vez a más y más gente. Desde ese punto de vista, creo que no se trata de sentimientos de pertenencia a una raza, ni de balanzas fiscales, ni de ideas. Creo, sencillamente, que es un modo de que las cosas vayan a peor.
Porque ningún argumento puede eludir el hecho de lo triste que es ver cómo un país se enfrasca contra sí mismo requiriendo extrañas excepciones internas; amparándose en balanzas, historias, lenguas y falsos intereses.
Y estos tres puntos es lo que los partidos nacionalistas (y no los más extremos, no, sino los que arrasan en las elecciones, los supuestamente moderados) usan para lograr un poquito más de poder: para ir a la Corte a pedir lo que comunidades menos organizadas, como la de Murcia, no podrán jamás pedir.
El BNGA se llevó 200 millones de euros por apoyar al Gobierno en los presupuestos generales del Estado. Eso es lo que ocurre. Me pareció bien. Hay que aprovecharse de los escaños, con dos cojones. Y estoy seguro de que en Galicia hacen falta esos doscientos machacantes, pero ¿quién sabe si no hacen más falta en otros lados? ¿Puede usted decirme que eso es justo, o que eso es digno de una democracia que desee serlo plenamente?
El hecho es que somos 40 millones y necesitamos organizarnos. Y, como usted dice, al nacionalismo le importa un pimiento cómo se organicen los demás.
Lo curioso es que obtienen muchísimos votos.
Y que cada día que pasa las diferencias políticas entre dos comunidades autónomas son más y más pronunciadas.
"No me consuela nada que se le cuelgue el sambenito de fascistas a los votantes de derecha del hecho de que a los catalanes se nos tenga demonizados.
No es demonización, pero, qué quiere que le diga: da mucha pena ver así al país en donde vivimos.
Y ahora pido yo perdón por mi parrafada rebundante.