Una vez recomendé por aquí The Wire. Me había quedado huérfano de Los Soprano y la serie sobre las drogas en Baltimore me deslumbró.
Es perfecta, inteligente, cuidada hasta el infinito, y los guiones, a veces, resultaban brutales. Sin embargo, no suplantó a Los Soprano. Al centrarse en un reparto coral, en el funcionamiento del todo, necesariamente primaban las tragedias comunales sobre las personales. No se podían entregar a seguimientos del Yo tan intensos como en Los Soprano; tampoco había un personaje como Tony, o como Carmela.
No quiero que parezca que la serie desmerece. Si a Los Soprano le pongo un 9 (es una nota elevada como podría ser cualquier otra), a The Wire le daría un 8.
El caso es hace un año, un amigo guionista me recomendó mucho una serie llamada Mad Men: iba sobre Don Drapper -ejecutivo de una empresa de publicidad- y la gente que le rodea (jefes, esposa, secretarias...), ambientada en los años 50. Todos fuman, todos beben, todos follan.
Me daba pereza verla sin más. Luego volví a escuchar algo sobre ella, y finalmente me dejó la primera temporada en DVD.
Los dos primeros capítulos parecían muy poca cosa. Una presentación, quizá. El tercero me descolocó. Luego la serie fue creciendo; empezaron a pasar cosas raras. Como en Los Soprano. Cosas con las que uno dice: ¿Qué está pasando aquí y qué quiere decir esto?
Luego me enteré de que, en efecto, el creador y guionista de la serie, Matthew Weiner, ha sido director y guionista de alguno de los mejores capítulos de Los Soprano.
Pues bien: hoy he terminado la segunda temporada. La serie aún es joven, y en verano se estrena la tercera.
Puede que suene a pecado: pero me parece tan buena que, si se prolonga lo suficiente, y si mantiene el crescendo en la tercera temporada, quizá llegue a ser tan buena como Los Soprano o más. Con una salvedad: aquí se retrata la vida de una oficina, con lo que las muertes no son parte integrante de la trama (tanto The Wire como Los Soprano se aprovechan de la fuerza que otorga una secuencia violenta).
Algunos instantes de Mad Men son tan intensos emocionalmente que parece mentira que se esté viendo una serie. Sé que es una opinión tan subjetiva que da asco, pero viéndola he sentido casi casi lo mismo que cuando me sumergía a veces en el mundo de Tony. Y la comparación es pertinente porque el guionista y director, como acabo de decir, es el mismo. Y sin el añadido adrenalínico de la violencia.
Mad Men es una serie de largo recorrido. Si uno ve los primeros 5 capítulos quizá salga decepcionado: la genialidad llega después. Arranca lentamente, y parece que nunca pasa nada, pero pasa de todo. Se cuida la estética al detalle. Apenas hay banda sonora. Es muy, muy, muy lenta; pero para bien. Los personajes crecen y crecen hacia adentro; cada capítulo te descubre una faceta nueva de cada uno, hasta que al final surgen como elementos de una tragedia pequeña pero terrorifíca y existencial (otra cualidad que The Wire no acaba de poseer), y el protagonista, Don Drapper, es sencillamente abrumador. Un hombre que lo es todo pero está vacío. Y detrás de ese vacío se esconde todo. Suena a spoiler, pero no lo es.
Para que no crean que voy vociferando en exceso, como alguna vez les dije al respecto de las series, sólo he visto tres: Los Soprano, The Wire y Mad Men. Roma me espantó por su inexactitud histórica y por la poca potencia de los personajes: les sacan además poco jugo; Lost la veré en el 2025, si Dios quiere. El resto de las series no me provocan nada.
Así que tomen esto como una recomendación sincera. Mad Men tarda en arrancar y parece un remedo políticamente incorrecto de House en los años 50... pero luego se desgarra el velo y resuena como una creación brutal.
El adjetivo que mejor define a la serie es "sutil". Es pura sutileza. Parece un bordado.
Háganse con ella que sólo van 26 capítulos, y la cosa promete.
La echan en la sexta o en cuatro, pero imagino que el doblaje será infernal.
De verdad que merece la pena verla (en VOS, of course).
