Antes que nada, retomo el asunto con que se abria este hilo para que vean que la transgresión de baratillo mezclada con moralina -no menos barata- da sus frutos:
'Mentiras y gordas', un filme que trata de reflejar los problemas que vive una parte de la juventud de hoy, casi ha triplicado el número de espectadores conseguidos por 'Los abrazos rotos' de Almodóvar, del 27 al 29 de marzo.
'Mentiras y gordas' arrasa en la cartelera
La verdad es que me han abierto ustedes tantos frentes que no sé por dónde empezar.
Pediría, eso sí, que no se introduzca el eterno pretexto de los menores, al que ya he contestado antes y es una de las falacias de distracción más ampliamente utilizadas en este debate. Abreviando: NADIE pide que las drogas sean accesibles a menores. Más bien al contrario, los traficantes no piden carné de identidad y la prohibición, más que impedir este acceso, lo fomenta.
Asuntos como el derecho a portar armas o la obligatoriedad de llevar cinturón de seguridad son fascinantes, pero estamos hablando de la legalización de las drogas. Quien quiera reivindicarlos, que monte una asociación, pero no me los saquen aquí, que no toca. Por lo demás, no tengo noticias de que ninguna de estas acuciantes cuestiones haya provocado problemas remotamente similares a los que ha causado la prohibición de algunas drogas.
También he contestado ya a lo de la conducción en estado ebrio y confieso que me sorprende que se saque a relucir. Uno puede comprar alcohol por galones y no le pasa nada. Llevas una china en el bolsillo y te caen 400 euros de multa (o un juicio en países como EE UU, que puede llevarte a la cárcel). Es esto lo que se ventila aquí, no el manejo de vehículos en estado de intoxicación que, por supuesto, debe estar penado sea cual sea la droga utilizada.
No es de recibo comparar el asesinato, el secuestro, el robo, la violación, etc. con el uso o la venta de drogas. Esto daría pie para una discusión sobre la diferencia entre los delitos con víctima o sin víctima, pero nos extenderíamos demasiado. Quizás más adelante.
Andarrio: el Estado -social, democrático y de derecho, que las dictaduras y las teocracias se rigen por otras normas- existe para protegernos de los daños que nos puedan causar los demás, no de los que podamos autoinfligirnos. Esta es una regla que se aplica en todos los casos, menos en el de las drogas ilegales.
Su idea de que las leyes antidroga protegen a los débiles y desfavorecidos es, cuando menos, pintoresca. Son ellos los que atiborran las cárceles, aquí (65.000 presos, la tasa más alta de Europa) y en EE UU (2.000.000 de presos, 500.000 por drogas, más que la población penitenciaria total de la UE, que cuenta con 100 millones de habitantes más) y son ellos los que padecen en mayor medida la violencia, la adulteración, los precios artificialmente hinchados por las leyes y un larguísimo (realmente largo) etcétera. Vamos, que lo que me cuenta es insostenible.
Agradezco a Isabel sus recomendaciones, pero a mi vez le recomiendo que no confunda reiteradamente "consumidor" con "adicto" (por mucho que le sorprenda, no son equivalentes). Por otra parte, algunas drogas son incompatibles con el sexo, mientras que otras multiplican sus placeres en varios órdenes de magnitud, y de esto hablo por experiencia directa. Y no se me ponga tan melodramática y tan moralista con los motivos que llevan a la gente a usar drogas, dado que los estudios oficiales ponen el placer en el primer puesto de la lista, sin olvidar que un porcentaje nada despreciable de los encuestados (el 37,9 por ciento) da "el gusto por lo prohibido" como una de las razones para tomar estas sustancias. Es este un gusto que deberíamos eliminar de inmediato. El deseo de alterar la consciencia, por contra, es inerradicable, ha acompañado a los humanos desde la etapa pre homínida y lo compartimos con multitud de especies animales (y no se tomen esto como un argumento principal, que conozco la falacia de la apelación a la tradición). Seguro que me he dejado cosas y seguro que me las recordarán ustedes.