Bueno, en este asunto hay que matizar, dejando en claro, que soy antidrogas total, ni siquiera bebo. Fumo tabaco normal. He probado los porros y extrañamente a mí no me producen ninguna sensación, no noto absolutamente nada, de lo cuál se ha extrañado siempre la gente, así que nunca me ha dado por ahí.
Matizo: es cierto que la coca, aumenta muchísimo la actividad tanto física como mental, de modo que siendo esto cierto, mucha gente lo utiliza como excusa y dicen que la toman porque el curro se lo exige. El problema es que ya sin la coca, no pueden o no saben trabajar, porque se han vuelto adictos. A la larga, la cocaína deshace literalmente el cerebro, así que ahí está Keith Richards hecho un asco. Esa es la verdad pura y dura. Pero que produce una hiperactividad neuronal que puede facilitar el trabajo, es cierto, pero durante un tiempo breve. Al cabo de un tiempo comienza el deterioro, y entonces hay que seguir tirando de ella, pero ya por narices, para no ir arrastrándose.
Como nunca he probado la cocaína, ni la heroína, ni el LSD, no puedo decirles si produce imaginación o no, pero tengo clarísimo que quién no tiene imaginación, seguirá sin tenerla se meta lo que se meta.
El Alcohol. Eso sí lo he probado, naturalmente, como todo el mundo, así que ahí sí puedo decir algo.
Todos sabemos como los poetas llamados malditos, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, y un largo etceterá se ponían morados de absenta.
Ahí sí que les puedo decir que el alcohol fuerte, no una cervecita, sí que produce una desinhibición rotunda del inconsciente, y en estado "chispa", no borracho total, sí sucede que salen metáforas, anáforas, y unas cosas que en estado abstemio, no salen ni de coña. Es más. Terminado el poema, uno se queda completamente asombrado de lo que ha escrito, y te preguntas de donde han salido metáforas tan brillantísimas y originales.
Como yo no bebo nada, cuándo escribí mi libro de poesía, tan solo con un cubata, como mucho, 2, ya entraba en ese estado, y efectivamente, me ocurría eso. No recuerdo como empecé, pero al ver el efecto, lo usé para escribir poesía. Con la narrativa esto no solo no sirve sino que se escribe mucho peor.
Terminado el libro, se acabó el alcohol, porque no era cuestión de volverme alcohólica, pero ciertamente sin él ya no me salía nada igual de bueno, aunque después el tiempo me demostró que es que ya había dicho todo lo que tenía que decir, y por eso no me salía nada.
Luego estuve mucho tiempo aprendiendo a escribir sonetos y cosas así, pero no publiqué nada.
Ahora vuelvo a escribir poesía, esta vez sin alcohol, y he aprendido un método para deshinbirme sin necesidad de nada. Intento no pensar en nada mientras escribo, lo hago rápido, dejo que la cosa fluya pensando lo menos posible, dejo que salga todo lo que llevo dentro sin pensar, porque si piensas lo censuras, y curiosamente, los poemas que escribo así son siempre los mejores.
Ahora bien, si todo eso no estuviese dentro de mí no saldría, ni con alcohol, ni sin él. Así que mi primer libro, por mucho que usase el alcohol (en pequeñísimas cantidades, en mi caso), todo lo que expresé lo tenía dentro. El alcohol solo facilitó su salida.
Pero el alcohol es una de las drogas más duras que existen, por muy legal que sea. Es mucho más deteriorante que la cocaína. Destroza las neuronas, así que hay que saberlo, porque el poeta que se crea que con el alcohol va a hacer cosas magistrales durante mucho tiempo va de cráneo. Acabarán saliendo solo balbuceos.
Y hay una muestra genial de ello: la mejor obra de Arthur Rimbaud, aquella que le hizo pasar a la Historia de la Literatura, "Una temporada en el infierno", la escribió completamente abstemio, en casa de su mamá, en Bèziers, y su mamá era mucha mamá. Eso sí, la escribió en un estado de sufrimiento desesperado, y el sufrimiento extremo también desinhibe mucho.
En resumen: que las drogas, para una temporadita pueden servir para eso de la creatividad, pero después, idiotizan, o vuelven majara.