Javier, conocido por Adso de Melk, se sentó plácidamente en la butaca. Sus planes estaban funcionando según lo previsto. El mensaje encriptado había sido enviado puntualmente. Estiró las piernas y abrió una caja de puros que alguien de la familia le había regalado hacía poco. Aunque no solía fumar, decidió sentirse aquella noche tan decisiva para él un sibarita de cine negro, y recordó "Casablanca". Sí, por una noche quiso ser Rick, por una noche quiso soñar con tener un casino, quiso ser un cínico nostálgico y enamorado, rodeado de bellas mujeres, quiso ser aquél rostro deseado envuelto en la neblina del humo, quiso soñar, en definitiva. Y le puso rostro a Bronte, un rostro desdibujado que no distinguía claramente, que tampoco era el de Ilsa, pero que era níveo, de mirada felina, un rostro sesgado por una cabellera rubia. Bebía pausadamente, a sorbos lentos un Jack Daniel's. Las volutas de humo iban envolviendo su rostro mientras él soñaba con noches cálidas, con cielos africanos y mujeres imposibles. De pronto la secuencia en blanco y negro se apagó, ensordecedoramente, como un estallido. Algo ocurría en el ordenador...