Vaya por Dios, M., discrepo de nuevo.
Que el arte comunica no implica que sea comunicación.
Al menos en el arte literario, lo que uno escribe debe transcribir su pensamiento; y se supone que el pensamiento estructura lo que uno siente.
Ya sé que luego uno corrige, y relee, y usa figuras retóricas...
Pero eso es sólo un modo de mejorar la unidad o la potencia del pensamiento. Volverlo más "puro". No se hace por un afán de "ser comprendido por el lector".
Ese paso llega luego: cuando se entrega la obra al público, y uno comprueba fascinado que nadie ha entendido nada de nada. Que fue lo que le pasó a Emily Dickinson al mostrar algunos poemas. Así que siguió escribiendo en soledad.
Obviamente que nadie conocería su obra si no se hubiera publicado póstumamente.
Pero véalo así: dado que ella murió antes, para ella tampoco nadie leyó su obra. ¡Y vaya si hizo arte! ¡Y en total soledad!
Insisto: el arte comunica, pero su fin es manifestar, no comunicar.
Hay una gran diferencia. Y creo que el exceso de comunicación se convierte en una especie de paranoia nada favorecedora al artista.
Porque somos más nosotros, más auténticos, cuando menos nos afectan los juicios externos. Y un artista buscará, ante todo, expresarse a sí mismo.
¿Qué mejor que la soledad?