Yo lo que creo, es que en cierta manera, él es el responsable de esta situación. Ha sacado a relucir a sus niñas hasta la extenuación, con esos relatos pseudo-terroríficos como aquel en el que sus hijas le decían cosas como: "Papa, ¿es verdad que los izquierdas somos los que nos preocupamos por los demás y los de derechas sólo miran por ellos mismos?" (apróx), para luego crear un halo de misterio alrededor de ellas, que no ha hecho más que incitar la malsana curiosidad.
Un halo de misterio del todo injustificado. Más o menos hemos visto a todos los hijos de los presidentes de España, más o menos. Y sin el veto a la publicación de sus fotos, más o menos ha existido en los medios un respeto tácito hacia sus personas (por lo menos mientras sus padres han detentado el poder).
¿A qué viene entonces este rollo que se trae Zapatero? Muy en su línea, con él todo tiene que estar falto de naturalidad, todo tiene que ser enrevesado, todo tiene que atravesar un camino de purgación moral, para alcanzar la perfección espiritual a la que aspira, que, por supuesto, siempre tiene como resultado despropósitos como estos. Era tan fácil como no dejarlas posar para el posado oficial. Cuánto tendría que decir Freud de este señor.
Que veamos cómo son Laura y Alba no es ninguna falta de respeto a su intimidad. También vemos cómo son Sasha y Malia y no pasa nada. Pero no, con este señor todo tiene que ser complicadamente difícil, correoso y propenso al follón.
Otra cosa es la vestimenta de las niñas. A mí que vayan así por la calle me importa un bledo. Podré opinar que tienen un gusto nefasto, punto. Lo que ya me preocupa más es esa incapacidad (me refiero aquí a sus padres), de entender que, les guste o no, son los representantes de toda una nación. No los representantes de la movida, de la gente progre, de los marcadores de tendencias, de Boris Izaguirre. Han cedido parte de su autonomía cuando su padre ha accedido a la Presidencia del Gobierno. Tienen cierta responsabilidad para con todos los españoles, tanto ética como estética. Y me desagrada considerablemente que cuatro siglos después, aún estemos con el rollo de que los españoles somos unos adoradores de Satán que siempre vamos vestidos de negro.
La falta de responsabilidad consciente se trasluce hasta en la manera en que uno coge la cuchara.
Por supuesto, todo este tema es una tontería, pero creo que funciona como metáfora de lo que está siendo esta administración.