Lo que les voy a contar ocurrió hace dos o tres semanas. Salía de ver a un cliente cuando me di de narices con una valla publicitaria en la que aparecía retratado un niño de corta edad y un cachorro de lince, acompañado del siguiente texto: ¿Y yo?... (falta de ortografía incluida) ¡Protege mi vida! Lo primero que me llamó la atención fue lo tremendamente mal hecho que estaba el anuncio. ¿De verdad había una agencia de publicidad, con sus barbas y aparejos, detrás de aquel espanto o lo había parido en una tarde y media un monaguillo con un curso de sesenta horas de Photoshop? Más tarde me enteré de que se trata de una nada modesta campaña que abarca 1.300 vallas, amén de 30.000 carteles y 8 millones de folletos. Todos y cada uno de ellos reproduciendo lo que, según el portavoz del Episcopado, monseñor Martínez Camino, es un prodigio de la publicidad moderna. Pues no, oiga. En un tema tan delicado como es el aborto, con las opiniones frecuentemente polarizadas en uno u otro sentido, se hace precisa una comunicación un poquito más inteligente. A estas alturas, supongo que todos ustedes habrán visto ya la famosa campaña: ¿cuál es su opinión al respecto? ¿De verdad creen que algo así puede influenciar en la opinión pública?
P.s: También podemos hablar de esos autobuses "ateos" que circulaban por las calles de Madrid y Barcelona.

