Ah, pues si los niños aprenden mejor el castellano gracias a la inmersión lingüística en otra lengua, ¿por qué no inmersión en inglés? El problema no es la inmersión, porque es imposible erradicarla (siempre habrá catalanohablantes estudiando en español o castellanoparlantes escolarizados en catalán). El problema es la falta de libertad de elección. ¿Por qué no pueden unos padres, o un alumno al llegar a cierta edad, la lengua en la que se escolariza? ¿Por qué nos tiene que decir una institución pública que lo mejor para el futuro de los estudiantes es aprender a dominar una lengua con área de influencia tan limitado? Si el niño que habla español en la calle va a aprender mejor su lengua gracias a una educación que le haga aprender otra distinta, ¿por qué esa otra no puede ser el inglés o el francés? Volvamos a lo que decía Bronte de la aldea global, y veremos que el futuro de nuestros estudiantes se juega más en el campo de las lenguas extranjeras que en el de las vernáculas.
Por ejemplo, Montilla, instigador de la inmersión en catalán, lleva a sus hijas a un colegio donde estudian en alemán. No me quiero centrar en la hipocresía que desprende la cosa, que es de traca, pero esto pone en evidencia la desigualdad que se sufre en Cataluña. Las familias pudientes pueden elegir escolarizar a sus hijos en lenguas que les serviran para moverse por el mundo; las que sólo tengan acceso a la educación pública, sólo tienen derecho a dominar una lengua hablada por unos pocos millones de personas. Luego se harán llamar progresistas, pero una educación progresista es la que da a nuestros alumnos las mismas oportunidades y les permite tratar de tú a tú a los de otros países. Porque me parece que a las hijas de Montilla no las contratarían en Alemania si sólo dominaran el español y el catalán, pero por suerte ellas han podido elegir.
