Siempre he sentido cierta envidia hacia esa clase de personas que toman cuanto desean con un simple gesto de su voluntad. En la escuela, a pesar de no ser particularmente guapos e ir casi siempre tiesos de viruta, se llevaban de calle a las gachises - que diría Francisco Umbral - con un aplomo y un arte torero que al resto del personal nos dejaba patedefuá. He visto a algunos conseguir el trabajo que deseaban a base de echar abajo la puerta de un despacho. E incluso, a un silencioso francotirador, harto de no atinar con la puta niña del columpio, ligársela saltándole directamente a la yugular. Todo esto me lleva a la shakesperiana cuestión que deseo plantearles: ¿... es mejor soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro?.
P.s: Aprovecho para decirles a todos ustedes que ya estoy de regreso en la Villa y Corte. Después de un largo periplo que me ha tenido las últimas semanas a caballo entre NY y La Habana.
