El Internado me pareció horrorosa. Fuimos a verla 5 amigos y yo, y todos salimos de la sala pasmados ante tamaña cantidad de tópicos anti-catarsis. Espectacular el final feliz en el que una mujer es condenada a cuidar de 8 niños cabrones -llevan toda la peli "jugando con ella"- eternamente.
No obstante, tenía cierta solvencia general.
Lo siento Malabesta, pero Intacto también me pareció horrorosa. Le falta sentido del humor, le sobra ese halo trascendente, y no entiendo muy bien cuánta profundidad hay en el hecho de que alguien trafique con la suerte.
Del cine reciente prefiero algunas películas en apariencia pequeñas. "Los Lunes al Sol", "Solas", "Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto", y así. De Álex de la Iglesia me gusta casi todo. No he visto 800 Balas. Los Crímenes de Oxford me pareció una película muy sutil, con una dosis de mala leche considerable y soterrada, pero sé que mi opinión no es muy popular.
La Soledad me gustó, pero tal vez la encontré demasiado pretenciosa con su buscadísima sencilles. Demasiado poco espontánea. De Tiro en la Cabeza... en fin.
Veo que nadie habla de nuestro autor más internacional. También veo que en la off-off crítica no le critican demasiado (criticar en el sentido de que no hablan casi nada de sus películas). Me gustó mucho Todo sobre mi madre y Hable con ella. Pero así, engañado, fui a ver La Mala Educación. Creo no exagerar si afirmo que me pareció espantosamente mala. Y cuando digo mala quiero decir una sola cosa: Si la película no la hubiese dirigido Almodóvar, hasta tengo dudas de que hubiera llegado a los cines. Seré más explícito: no es que La Mala Educación sea un pequeño bache en su carrera, es que me parece mediocre en cualquier contexto. Y el caso es que entré a verla completamente convencido de que iba a gustarme...
Volver está bien. Un amigo la definió así: "Es como unos zapatos del Corte Inglés. Brillan mucho, huelen bien, son cómodos... ¡pero son del Corte Inglés!". No puedo estar en desacuerdo.
Y Amenábar, el hombre... desde que ridiculizó a aquel sacerdote paralítico en "Mar Adentro", no he vuelto a saber de él. Esa película me aburrió soberanamente. Al margen de la postura ética con respecto a la eutanasia -sobre la que tengo un juico poco claro-, el hecho de que el personaje de Ramón Sampedro no cambiara durante la película me hizo interesarme más por los secundarios. Pero ¡leyes del cine!, los secundarios están ahí para darle vida a él. Así que, mientras el personaje principal es estático, los otro dinámicos... y si uno ve el cine dejando al margen el asunto de la vida y de la muerte... pues uno se aburre. Hay quienes me han defendido esa decisión diciendo: "El personaje no cambia porque en la vida real no cambiaba". Y yo respondo: "Si el pícaro Amenábar quería la vida real, que hubiese hecho un documental".
En fin, hasta aquí me explayo.
Nacho: No he visto El Rey de la Montaña, pero me pica la curiosidad...
Y qué grande Acción Mutante :D
¡Ya!