... y lo han llevado a una guerra!", he oído decir por la radio a una madre hundida por el imponderable e incuantificable dolor de haber perdido un hijo.
No sé si ustedes son padres o madres. Si lo son y no están ebrios, el asfixiante nudo en la garganta cuando oígan a esta madre no se lo va quitar nadie. Y si no lo son, también lo van a experimentar.
Y se me puede argumentar… ¡vamos a ver, Amaro, Amarito, alma cándida, que en el oficio de la guerra o se mata o se muere, a qué viene tanto aspaviento. Y si no se quiere correr ese riesgo pues ajo y agua y te quedas en casita comiendo la sopa boba familiar!. Además, no obligan a nadie a alistarse.
Y yo le diré que lleva toda la razón siempre y cuando el señor Presidente y el cuadro de cardos borriqueros que lo jalea no MIENTA a toda la sociedad y a estos jóvenes, que por falta de otro futuro mejor se alistan en el ejército, diciéndoles a boca llena y por activa y pasiva que lo suyo allí es un mision humanitaria.
Ni que decir tiene que la cena está ahí, intacta. He abierto la Lagavulin y le veré el fondo, porque la única forma de poder amanecer, de llegar a mañana, es pasar la noche entregado y hundido en la insconsciencia y el infierno-paradisíaco etílico…
¡Le dijeron que iba en misión humanitaria…. y lo han llevado a una guerra…!,
¡Pobre madre… qué horror…!
